Gusto estético

Lo misterioso respecto al gusto estético es precisamente que podamos encontrar bella una producción de la naturaleza, algo en lo que no hemos participado y en cuya producción resultamos superfluos. ¿Cómo encontrar bello algo que nos preexiste? El punto de Kant es indagar en esta armonía que hace que además todos podamos deleitarnos en el mismo objeto, en un paisaje, en un jardín, en una flor, en un océano, etc, y aun así, en esta universalidad que trasciende culturas, una singularidad del gusto estético, allí donde cada individuo tiene sus preferencias (del todo irracionales, inexplicables, aparentemente indeterminadas o sin causa).

Es la misteriosa armonía entre un orden natural y el orden del juicio estético lo que aborda Kant, y que por ende abre el espacio trascendental, la brecha de paralaje. Uno pensaría además que, bajo esta perplejidad, subyace la creencia de que sólo tendríamos que encontrar bello aquello que es artificial. ¿No respondería esto al esquema del narcisismo, a saber, que uno ama sólo aquello que ya está humanizado, o en la medida en que se lo humaniza? Pero precisamente la lección es que entre lo producido por el hombre y por la naturaleza no hay ya más diferencia (producción deseante, dirían Deleuze y Guattari): el narcisismo, tal como lo elaboró Lacan, se sitúa en el desfase entre lo completo exterior y lo inmaduro interior, en la radical hiancia que se abre entre el Umwelt y el Innenwelt. Si hay armonía no es porque haya continuidad: el gusto estético no tiene ni una pizca de natural a pesar de que pueda aplicarse por todos en todo tiempo a las producciones naturales. Más bien esta aplicabilidad descansa en la posibilidad abierta por la dehiscencia constitutiva del sujeto humano (durante esa identificación narcisista), por la libertad de la falta de necesidad, la libertad de la mínima diferencia en la constitución trascendental in-humana de lo humano (cf. Visión de paralaje).

Si nos gusta la naturaleza es porque ella es también caótica, loca, está descompuesta e incompleta como nosotros. Es porque lo que produce la naturaleza no es de ningún modo ajeno a nosotros: el gusto estético es esa tautología (hombre=naturaleza) que une a la vez que separa dos órdenes de cosas, el del determinismo natural y el de la libertad nouménica. Y se los reúne en el deseo, precisamente.

Published by ailiosjorge

23 years old, resident in Querétaro, México Software engineering student Other interests: poetry, religion, philosophy, psychology, mathematics, music (just listening), Tarot, hypnosis, Reality I speak English and German You can find me in Twitter also! (@ailiosjorge) No facebook!

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