El imperativo categórico kantiano

El imperativo categórico kantiano, puesto que es pura formalidad, sin contenido alguno, quiere decir que excluye la posibilidad de que cualquier contenido contingente esté a la altura del deber, que cualquier regla de acción tenga la dignidad de poder ser la ley universal de los actos (ya que únicamente la forma vacía de la ley es universal). En otras palabras, la ley moral autónoma que Kant postula nos manda a no tomar como absoluto ningún criterio de acción, en antes bien, nunca supeditar la propia conducta a una regla que sea establecida como a priori, a no usar una regla de conducta o un deber como pretexto, pues esto ya colocaría a dicho deber en la posición del ejercicio más extremo de determinación heterónoma de la voluntad del sujeto.

Desde la perspectiva de la Ley moral autónoma, en cambio, uno puede distinguir con claridad la posición perversa de quien se justifica haciendo referencia a (el contenido de) su deber: el sujeto es inevitablemente siempre el que elige elevar algo contingente a la dignidad más alta de lo universal; así, sólo lo eleva para poder justificar su propia conducta, que es más el resultado de su falta de atención hacia sí mismo. Lo eleva para poder seguir haciendo aquello que ya haría con o sin referencia legal —¿no es éste por otro lado el significado de la máxima platónica de que los hombres perversos siempre encontrarán la manera de evadir las leyes, mientras que los hombres justos no tienen necesidad de leyes?

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